¿Es la felicidad tan sólo un estado mental? ¿Es el dinero un factor irrelevante en la ecuación que condiciona nuestras vidas? En absoluto.

Las personas con un mejor patrimonio son de hecho más felices. Lo que ocurre es que a partir de un determinado nivel económico, el rendimiento de la cartera en lo que a felicidad se refiere empieza a mostrar signos decrecientes, es decir, a medida que crece nuestro efectivo nuestra felicidad crece a un menor ritmo.

Solemos acostumbrarnos a un determinado nivel de vida, y una vez lo sobrepasamos, empezamos a comparar nuestras posesiones con los demás, lo que nos hace cada vez más infelices.

Los psicólogos han encontrado que el error se encuentra en un nivel de felicidad basado en lo material. ¿Cuál es su conclusión? Adquirir experiencias.

“Sal a comer fuera. Ve a un concierto, al cine o al teatro. Vete de vacaciones. Aprende a bailar salsa. En realidad, haz cualquier cosa que te ofrezca la oportunidad de relacionarte con los demás, y después cuéntaselo a más gente todavía”*

Para conseguir ser más felices, las experiencias son la mejor inversión. Compartir con los demás nuestros valores inmateriales es mucho más placentero, y como resultado, los que se centran en adquirir mejoras en sus vivencias día a día están más satisfechos con sus vidas, sufren menos ansiedad, se deprimen con menos frecuencia y gozan de una mejor salud física y mental.

En esta infografía realizada por good.is, podemos ver algunos ejemplos de adquisiciones materiales e inmateriales y cómo éstas últimas obtienen un mejor resultado en todos los ámbitos.

Leer un buen libro, asistir a un concierto o irse a esquiar tiene una valoración mucho más positiva que la compra de ropa, un iPhone o una televisión nueva.

Aprovechar mejor nuestro patrimonio nos puede hacer más felices, sobre todo si compartimos lo adquirido con los que nos rodean.

*Cita